Norman Foster sublima en el Guggenheim el diseño automovilístico

Pese a que el debate sobre considerar o no un coche como una obra de arte pueda seguir dando que hablar, quizás Norman Foster, el prestigioso arquitecto y urbanista, lo haya zanjado del todo, sobre todo tras el éxito obtenido por la exposición ‘Motion. Autos, Art, Arquitecture’ que el prestigioso Museo Guggenheim de Bilbao ha acogido entre los pasados meses de abril y septiembre de 2022.

La muestra, que fue clausurada el pasado 18 de septiembre tras abrirse al público el 8 de abril, ha resultado un éxito y desde el propio Museo Guggenheim afirman que ha sido una de las más exitosas del presente año, con un total de visitas que asciende a las 751.300 personas. Y es que ha sido una ocasión única para poder presenciar sobre suelo español algunos de los automóviles de colección más legendarios que existen, dado que en su mayoría pertenecen a colecciones privadas o se encuentran expuestos en otros museos.

Una cuarentena de vehículos excepcionales han conformado la exposición ‘Motion. Autos, Art, Arquitecture’ en la que Norman Foster ha buscado ensalzar la evolución del diseño automovilístico desde diferentes perspectivas, por los que los mismos se organizaron en diferentes salas temáticas bajo las denominaciones ‘Beginnings’, ‘Sculptures’, ‘Popularising’, ‘Sporting’, ‘Visionaries’, ‘Americana’ y ‘Future’.

Como no podía ser de otro modo, la visita comenzaba en ‘Beginnings’, o sea, una primera sala dedicada a automóviles pioneros. No podía faltar el Benz Patent Motorwagen, considerado de forma general como el primer automóvil de la historia. También estaba el Ford T, primer coche fabricado en serie y en cadena de montaje; el Lohner Porsche, uno de los primeros coches eléctricos de la historia. Los ojos se nos iban hacia el imponente Rolls Royce Silver Ghost plata y azul con carrocería Barker, uno de los Silver Ghost denominados Alpine Eagle, modificados para poder tomar parte en la célebre Copa de Los Alpes. Y a su lado un Avions Voisin de la propia colección de Lord Foster, ¿es un coche, es un avión? No, es arte. El Chrysler Airflow o el Tatra T87 testimoniaban que la aerodinámica no es nada nuevo. Y un Bugatti T51 en azul inmaculado, así de sencillo, la belleza de la sobriedad.

Segunda parada en ‘Sculptures’, o el mejor testimonio de la relación entre el arte y el automóvil. Quizás la sala que albergaba las joyas de la corona de todos los tesoros expuestos, cuatro auténticas esculturas sobre ruedas: El Bugatti T57 Atlantic, en color azul metalizado, uno de dos unidades construidas, propiedad del coleccionista estadounidense Peter Mullin. El otro lo guarda Ralph Lauren. También propiedad del señor Mullin, el Delahaye 165 con carrocería Figoni & Falaschi, oda en rojo al periodo Art Decó. En gris plata, el coche de cuatro asientos más rápidos de su tiempo, el Bentley R-Type Continental. Y cerraba la terna el que quizás haya sido el gran reclamo de la exposición ‘Motion. Autos, Art, Arquitecture’, el Pegaso Z102 Berlinetta Cúpula, también llamado ‘El Dominicano’ o ‘Rosa de Té’. Construido por el ingeniero Wifredo Ricart en la gris España del Franquismo. Un coche con una tecnología tan compleja como atribulada es su historia. Su primer propietario fue el dictador dominicano Trujillo y a día de hoy es propiedad del Museo Lowmann. 

‘Popularising’ proponía un recorrido por los coches utilitarios más célebres… y no tanto. Junto a un Mini cortado en sección, la Volkswagen T1, el Fiat 500, el Volkswagen Kaffer, el Renault 4L, el Citroen 2CV, un curioso BMW 600 o la maqueta de cómo el arquitecto suizo LeCorbusier concebía el automóvil. 

Con una disposición en forma de estrella, la sala ‘Sporting’ agrupó las creaciones más sonoras de los principales fabricantes de autos deportivos: el Mercedes 300 SL Gullwing, el Porsche 356, el Jaguar E-Type, el Aston Martin DB5 y un Ferrari 250 MM, pues el Ferrari 250 GTO propiedad de Nick Mason, batería de Pink Floyd que fue expuesto en los primeros meses fue reclamado por su dueño para participar en una carrera de clásicos.

La siguiente sala de la visita, ‘Visionaries’, contenía una selección de coches en una clave muy similar a ‘Beginnings’. El Citroen DS Cabriolet Chapron Palm Beach, el Alfa Romeo BAT 7, el Bertone Stratos Zero, el Dymaxion, el trío de prototipos General Motors Firebird y el Mercedes de F1 con el que Lewis Hamilton logró su último título mundial en 2020 esgrimían como hilo conductor el diseño del automóvil aplicado al progreso técnico, quizás la sala donde más patente quedaba la estrecha relación que existe entre el arte y la tecnología. 

Como colofón, ‘Americana’, con cuatro grandes exponentes del automóvil de Estados Unidos: El Cadillac Eldorado Biarritz de 1959, una orgía de aletas y cromo bajo la firma de Harley J Earl; el simbólico Ford Mustang; el único coche capaz de ganar una guerra, o sea, el Jeep Willys; y el Ford V8 Custom.

Y como epílogo, ‘Future’, una sala sin coches, dedicada a la movilidad, porque quizás en un futuro no tan lejano, el único sitio donde puedan verse coches sean los museos… o no. 

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