“Con lo que tengo estoy satisfecho, lo que sí necesito es tiempo para disfrutarlo”
Eduardo de Ory, presidente del Club de Automóviles Clásicos de Cádiz, coleccionista y restaurador, nos recibe en su particular museo privado para mostrarnos su colección de coches y motos clásicas. Comparte con ‘La Guía del Motor’ una más que agradable conversación sobre su afición y pasión.
¿En qué momento de su vida siente por primera vez la pasión por los clásicos?
La afición a las motos me viene de muy antiguo, desde que era adolescente. Y por los coches no hay un antes y un después, fue poco a poco infectándome. Ahora me dedico a la restauración que es lo que más me gusta. Cuando tengo el coche restaurado lo disfruto, porque en nuestro club salimos muchos sábados y domingos por ahí, y vamos a muchos eventos.
¿Cuál fue el primer vehículo que inauguró su colección?
El Jaguar S-Type 3.8 berlina. Es muy parecido al MK II, pero con la parte trasera más plana al estilo del MK X. Lo compré en Burdeos y fue el que inició la colección, que no la afición, esa la tengo desde tiempos inmemoriales.

¿Y el último en entrar?
Hace por lo menos cuatro o cinco años que no compro coches, porque ya no caben más donde los guardo y expongo. El último coche que hemos restaurado ha sido el Seat 850 Sportcoupé, un coche que compré hace unos 12 o 14 años y que ahora le ha tocado el turno de entrar en restauración.
¿Cuál es el hilo conductor de su colección?
Pues tengo 75 años, y en mi colección predominan los coches de mi infancia y mi adolescencia, los años 50, 60 y 70. Los 50 dieron muchos coches icónicos y de prestigio, el Mustang, el Alpine, los Jaguar XK… fueron coches muy representativos de las corrientes de diseño de entonces en el automóvil.
Como coleccionista y restaurador, ¿le gusta dejar los coches tal y como estaban en su origen?
Efectivamente. Es mi objetivo principal. No agregarle nada, no ir a lo fácil. Por ejemplo, si a este coche -Ferrari Testarossa- de aquí se le estropean los frenos , pues los frenos de Ferrari valen cuatro veces más que unos que le podrían valer de una furgoneta, incluso frenaría igual, pero hacer eso sería un mal paso.
¿Cuánto tiempo le toma una restauración, aproximadamente? ¿Adquiere los vehículos en las mejores condiciones o lo contrario?
Compro los coches para hacerles una buena restauración. Dependiendo de la época o el momento, pero el promedio es un año. Ahora con internet es más fácil encontrar piezas por todas partes. Antes era ir a ferias y viajar mucho, que yo lo he hecho, y hasta hace 15 o 20 años, hasta que internet empezó a funcionar relativamente bien era cuestión de ir a cualquier evento que hubiera algún material de coches o motos antiguas.
¿Ha supuesto el auge de internet y luego las RRSS un empujón a la pasión por los clásicos?
Y la facilidad para coleccionar. Antes cualquier pieza era un laberinto llegarla a conseguir. Ahora es relativamente fácil y barato.

¿Cuál es el vehículo de su colección que más le costó conseguir?
Hay varios, destaco el Alfa Romeo 2600 Spider, un coche que siempre me gustó. Buscándolo primero me compré a su hermano pequeño, el Giulia, que es muy parecido. Pero el 2600 es un coche del año 1963 y anda y se conduce como un coche de los años 2000. En su momento tenía una tecnología muy sofisticada y complicada, con motor biárbol y tres carburadores dobles. El Ferrari Testarossa me gusta desde que salió al mercado en los años 80 que lo vi por primera vez. A partir del año 2000 lo empecé a buscar y encontré uno en EEUU, que es un mercado más barato y accesible. Aquí en Europa te tienes que comprar el coche que hay, en EEUU puedes siempre elegir varios colores, motorización, es un plus.
¿Tiene en su colección su vehículo favorito de dos y cuatro ruedas?
Sí, el Jaguar XK140 es otro coche de los que más me gustan. Se conduce como un coche moderno, es muy potente, puede ir a muy alta velocidad pese a sus años, es descapotable y es de los años 50, que son las carrocerías más bonitas para mi.

¿Se le ha quedado algo que le gusta por tener?
Bueno, hay muchas cosas que me gustan y que me gustaría tener, pero no estoy excesivamente preocupado por ello. Con lo que tengo me encuentro satisfecho y lo que sí necesito es tiempo para disfrutarlo y para los domingos salir por ahí con los amigos. No solamente almacenarlos por el hecho de almacenar. Almacenar no me atrae nada, lo que sí me atrae es restaurar. Y como no me gusta venderlos la conclusión lógica es almacenarlos.


