Pagamos más por el coche que nunca… y las carreteras están peor que nunca
- Los impuestos al coche en España superan los 41.000 millones de euros anuales, principalmente de los combustibles y el IVA de vehículos.
- A pesar de la alta recaudación, el estado de las carreteras empeora, lo que incrementa el riesgo de accidentes.
- Los daños en vehículos por mal estado del asfalto recae en el conductor, sumando costos adicionales.
- La falta de un sistema que garantice la reinversión de esos impuestos en carreteras genera un debate sobre la responsabilidad del Estado.
- La situación refleja una creciente sensación de que los conductores pagan más y reciben menos a cambio.
En La Guía del Motor lo vemos cada día. Salimos a rodar, recorremos kilómetros y hablamos con conductores. Y hay una sensación que se repite constantemente: cada vez cuesta más tener coche en España, pero las carreteras no están a la altura de lo que pagamos.
Y los números lo dejan claro.
En España, el conjunto de impuestos relacionados con el automóvil supera ya los 41.000 millones de euros anuales. Una cifra que convierte al coche en una de las principales fuentes de ingresos del Estado.
¿De dónde salen esos 41.000 millones?
El dato no es abstracto. Tiene un desglose muy claro:
- La mayor parte proviene de los impuestos sobre los combustibles, que representan más de la mitad de esa cifra (especialmente el Impuesto Especial de Hidrocarburos y el IVA asociado).
- A esto se suma el IVA en la compra de vehículos, que supone miles de millones cada año.
- El impuesto de matriculación, ligado a las emisiones, también aporta una cantidad relevante.
- El impuesto de circulación (IVTM), gestionado por los ayuntamientos, añade otro bloque importante de ingresos.
- Y, además, otros conceptos indirectos como seguros, mantenimiento o impuestos asociados al uso del vehículo siguen alimentando el sistema.
En conjunto, estamos hablando de un flujo económico constante, sostenido y masivo que sale directamente del bolsillo del conductor.
Un esfuerzo económico constante para millones de conductores
No se trata de un pago puntual. Es continuo.
Cada repostaje, cada compra, cada uso del coche está gravado. Y en un país donde el vehículo sigue siendo esencial, esto convierte al conductor en uno de los contribuyentes más expuestos.
Lo vivimos en primera persona. Y lo viven millones de personas cada día.

Carreteras que no solo están peor… son más peligrosas
Pero hay algo que ya no es solo incómodo. Es preocupante.
Mientras la recaudación alcanza cifras récord, el estado de muchas carreteras empeora. Y no es una percepción aislada: es una realidad que cualquiera puede comprobar al volante.
Firmes degradados, baches, grietas, falta de mantenimiento…
Y esto tiene consecuencias directas.
Más sustos. Más incidentes. Más accidentes.

Un simple bache puede convertirse en un riesgo real a alta velocidad. Una carretera en mal estado puede provocar pérdidas de control, frenadas ineficaces o situaciones límite que no dependen del conductor.
Aumentan las averías: llantas, neumáticos y suspensiones en el punto de mira
Además del riesgo en seguridad, hay otro problema que está creciendo: el económico.
Cada vez son más frecuentes los daños en vehículos provocados por el mal estado del asfalto. Hablamos de:
- Llantas dobladas y/o rotas
- Reventones de neumáticos
- Daños en suspensiones
- Desalineaciones y averías derivadas
Y lo más frustrante: estos costes recaen directamente sobre el conductor.
Después de aportar miles de millones en impuestos, el usuario también asume el impacto de unas infraestructuras deficientes.

La gran pregunta: ¿dónde va el dinero?
Aquí es donde el debate se vuelve inevitable.
Porque esos más de 41.000 millones de euros no están vinculados directamente al mantenimiento de las carreteras. No existe un sistema que garantice que ese dinero se reinvierta en mejorar las vías.
Se integra en el presupuesto general.
Y eso rompe el equilibrio.
¿Es el Estado responsable subsidiario de estos daños?
Legalmente, sí… pero con matices.
La administración titular de la vía puede ser responsable si se demuestra que el daño se ha producido por un defecto en la carretera y que no estaba señalizado o era evitable. Pero en la práctica, reclamar es complicado.
Procesos largos, pruebas difíciles y, en muchos casos, el conductor acaba asumiendo el coste. Mientras tanto, el problema sigue ahí.
Más allá del confort: una cuestión de seguridad pública
Esto ya no va solo de comodidad o dinero. Va de seguridad.
El estado del asfalto puede marcar la diferencia entre evitar un accidente o sufrirlo. Y cuando hablamos de seguridad vial, no debería haber dudas ni excusas.
El futuro del coche… y de los impuestos
Con la electrificación en marcha, el modelo actual está en revisión. Si desaparecen ingresos como los del combustible, llegarán nuevos sistemas: peajes, pago por uso…
Y la pregunta es inevitable: ¿se hará mejor esta vez?
La sensación del conductor: pagar más, asumir más riesgos y recibir menos
Hoy, la realidad es clara. El conductor paga más que nunca, asume más costes y circula por carreteras que, en muchos casos, no están a la altura.
Y esa sensación está creciendo.
Conclusión: un debate que ya es urgente
El coche sigue siendo libertad, necesidad y pasión.
Pero también se ha convertido en una de las principales fuentes de ingresos del sistema: más de 41.000 millones de euros al año.
Desde La Guía del Motor lo tenemos claro: no se trata solo de cuánto se paga, sino de qué se recibe a cambio.
Y ahora mismo, la balanza está completamente descompensada.
